Tan buena ¡tan masculina!
Perlas de Tahiti para mi hombre, mi pecado capital.
El tacto sobre la piel es como una gota de agua nacarada en el éxtasis de un abrazo. Esta gema acerada, cubriendo su cuello de brillo, le hace estremecer. Con el reverso de la mano, limpia los vapores de agua que ensombrecen su reflejo.
Su mano acaricia su cuerpo, enjugando las perlas deslizantes para, próxima a su piel, mejor admirarla. Cuanto más la ve, más la siente, se erige entonces en él una excitación inexpresable.De goza de su sueño, su perla, su color, Él ahoga un suspiro. Sólo, en este ambiente vaporoso, la toca, la coloca sobre su cuerpo. Ella le hace sentir diferente, único y excepcional.
Tan buena ¡tan masculina!
