



La mitología polinesia cita las perlas de Tahití como los primeros destellos de luz, que fueron ofrecidos por el creador Tane, Dios de la armonía y la belleza. Esto ilumino la bóveda del cielo con sus destellos y sus formas y brillos inspiraron a crear las estrellas . Tane las llevo entonces a Rauatu Dios del Océano para que iluminara sus dominios . Oro, indiscutible divinidad de la guerra y la paz , trabajando para Tane, confiaba en mujeres humanas a las que elegía para concebir su descendencia, con las primeras perlas, como signo de amor. Tras el triunfo de este trabajo, el les daba "Te ufi", la ostra perlifera a los humanos en memoria de su viaje a la tierra. Desde entonces la ostra pelifera "Te ufi, Pinctada margaritifera - cumingi specie", abunda en los lagos de la Polinesia Francesa. En la cultura polinesia, las míticas dos primeras perlas, que fueron ofrecidas a una princesa en la tierra por Oro, indiscutible Dios de la guerra y la paz ,eran « Peacock » y « Poe Konini », la escultural perla anillada.
Foto cedida: "La Magia de la Perla Negra", P. Salomon and M. Roudnitska

Ellas dos testifican los primitivos orígenes de la perla tahitiana. Poe Rava es como un espejo perlado de agua, en tributo a la reluciente superficie del océano. Poe Konini lleva los anillos de Saturno solidificados.
También esta dicho que Okana Y Uaro, espíritus del coral y la arena, ambos adornaban Te Ufi con una capa brillando con los colores de todos los peces en el océano. Durante miles de años la gloria de los cielos viene a reposar en el vacío secreto de la resplandeciente madre perla, como un regalo del cielo al mar.
Románticas leyendas dicen como la luna baña el océano con su luz para atraer las ostras a la superficie y poder impregnarlas con celestial rocío. La gota de luz, pulida por el tiempo, sujeta el celestial brillo dentro de su corazón y se envuelve ella misma en un traje azul, verde, rosa y reflejos dorados que brillan y mezclan en armonía.. Según leyendas mas modernas , las perlas negras de Tahití vienen de un error de la naturaleza: un grano de arena entro en la delicada carne; el nácar cubre al intruso y forma la redondez de la perla. Balanceadas por las olas, la perla es negra y bella, como un amado en la canción de Salomón. La Perla de Tahití a conseguido ser el símbolo de esperanza en los corazones dañados de los hombres.
